Estética(s) de/descoloniale(s) (I)1

Para reconfigurar los últimos 500 años de colonialidad y sus secuelas, inscritas en los proyectos de la modernidad, la posmodernidad y la altermodernidad, ha surgido un mundo transmoderno. Un elemento fundamental de esta transformación comprende la creatividad en/desde el mundo no-occidental y las consecuencias políticas que esto genera al impulsar el pensamiento autónomo y las liberaciones de/descoloniales en todas las esferas de la existencia. La de/descolonialidad del saber y del ser son dos conceptos introducidos por el colectivo modernidad/colonialidad/decolonialidad a partir de 1998, que ahora se encuentran con la de/descolonialidad de la estética para reunir diferentes genealogías de re-existencia en las prácticas artísticas en todo el mundo.

Las identidades (transnacionales) en política2 han inspirado una revolución planetaria en torno al conocimiento y la sensibilidad. La creatividad no solo de artistas visuales y aurales, sino también de pensador*s, curador*s y artífices de la palabra escrita han venido afirmando la existencia de identidades múltiples y transnacionales, al mismo tiempo que se rebelaban y reafirmaban ell*s mism*s ante las tendencias imperiales de alcance global en pos de la homogeneización y el borramiento de las diferencias. La afirmación de las identidades es equivalente a los intereses homogeneizadores de la globalización que son bien recibidos por la altermodernidad como la “universalidad” de las prácticas artísticas. Esta noción reprime la extraordinaria diversidad del potencial creador del ser humano y las distintas tradiciones que le pertenecen, con el fin de apropiarse constantemente de las diferencias en lugar de celebrarlas.

La(s) estética(s) de/descolonial(es), en particular, y la de/descolonialidad, en general, se han unido a los procesos de liberación del sentir y de las sensibilidades atrapados por la modernidad y su lado más oscuro: la colonialidad. La de/descolonialidad abraza la interculturalidad3, en tanto concepto acuñado por comunidades organizadas, y se distancia del multiculturalismo que ha sido conceptualizado e implementado por el Estado. Mientras que el multiculturalismo promueve políticas identitarias, la interculturalidad fomenta identidades (transnacionales) en política. El multiculturalismo es gestionado por el Estado y algunas ONG asociadas a su proyecto, pero la interculturalidad es implementada por las comunidades que van desprendiéndose del imaginario del Estado y del multiculturalismo. La interculturalidad impulsa la re-creación de las identidades que han sido negadas o reconocidas inicialmente, pero que luego fueron silenciadas por el discurso de la modernidad, la posmodernidad y actualmente la altermodernidad. La interculturalidad comprende la celebración de l*s sujet*s fronteriz*s por convivir en y más allá de las fronteras4. La(s) estética(s) transmoderna(s) de/descolonial(es) son interculturales, inter-epistémicas, inter-políticas, inter-estéticas e inter-espirituales, y están necesariamente relacionadas con perspectivas que provienen del sur global y de lo que se conoció como la Europa del Este.

La inmensa migración desde los países de la ex Europa oriental y el Sur global hacia los países de la ex Europa occidental (hoy conocida como la Unión Europea) y los Estados Unidos ha transformado a l*s sujet*s de la colonialidad en agentes activ*s del desprendimiento de/descolonial. “Estamos aquí porque han estado allá” es el contraargumento para la retórica de la modernidad. Las identidades (transnacionales) en política son el resultado de esta contrapartida que cuestiona el derecho imperial autoproclamado de nombrar y crear identidades (construidas y artificiales), ya sea mediante el silenciamiento o la trivialización.

La experiencia cotidiana encarnada en los procesos de/descoloniales dentro de la matriz de la modernidad enfrenta el individualismo y la búsqueda de un orden, con el objeto de permear los miedos provenientes de las sociedades industriales posmodernas y altermodernas. La de/descolonialidad y la(s) estética(s) de/descolonial(es) constituyen un instrumento fundamental a la hora de enfrentar un mundo sobrecargado de productos de consumo e “información” que invaden el espacio vital de l*s “consumidor*s” y reducen su potencial creativo e imaginativo.

A partir de diferentes genealogías de la re-existencia5, un grupo de “artistas” ha cuestionado con insistencia el rol y el nombre que les han sido asignados. Son conscientes de los límites que imponen los conceptos eurocentrados en torno al arte y la estética y, por consiguiente, se han involucrado en acciones que construyen identidades (transnacionales) en política, a fin de reconstruir identidades que han sido desvalorizadas de acuerdo con jerarquías racializantes, sexuales, nacionales, lingüísticas, religiosas y económicas inventadas dentro de sistemas modernos de clasificación. Han logrado quitar el velo de los relatos escondidos por el colonialismo y rearticularon esas historias en algunos espacios de la modernidad como impone el Cubo Blanco6 y sus distintos satélites. Est*s “artistas” viven en las fronteras, sienten en las fronteras, trabajan en las fronteras y han impulsado el pensamiento transmoderno y la(s) estética(s) de/descolonial(es). Las transmodernidades y las estética(s) de/descolonial(es) se han desprendido de todos los discursos y de todas las creencias sobre el universalismo, sean de antaño o actuales, abriendo paso al pluriversalismo que descree y rechaza todo intento de imponer “una sola” verdad. En este sentido, la transmodernidad de/descolonial da sustento a las identidades en política y cuestiona no solo las políticas identitarias, sino también la universalidad autoproclamada de la altermodernidad.

Profesionales creativ*s, activistas e intelectuales continúan apoyando la corriente de/descolonial a nivel mundial con miras a la concreción de un mundo transmoderno y pluriverso. Se rebelan ante la división ejercida mediante la diferencia colonial e imperial que inventó y controló el proyecto de la modernidad, con el objetivo de desmontarla y trabajar en función de “una vida en armonía y plenitud” junto con otros lenguajes e historias de/descoloniales. Los mundos que emergen desde sociedades políticas transmodernas y de/descoloniales consideran al arte y la estética como elementos primordiales.

Est*s artistas fundamentan su trabajo en lo que puede considerarse los “legados conceptuales” de la Conferencia de Bandung de 1955. Dicha conferencia reunió alrededor de 29 países asiáticos y africanos y tuvo como resultado la fundación del Movimiento de Países no Alineados en 1961, que incluía naciones latinoamericanas y europeas del ex bloque soviético. El legado de la Conferencia de Bandung permitió imaginar otros mundos que trasciendan el capitalismo o el comunismo para fomentar la búsqueda y la construcción de una tercera vía, que no fuera capitalista o comunista, sino de/descolonial. En la actualidad, este legado conceptual ha sido adoptado por fuera de la esfera del Estado para comprender nuevas formas de re-existencia y autonomía en las fronteras del mundo moderno-colonial. La metáfora de/descolonial del Zapatismo “un mundo donde puedan co-existir muchos mundos” supone la pluriversalidad como proyecto planetario y requiere la contribución de diferentes nociones sobre cómo podría sentir, percibir y constituirse una sociedad política emergente a nivel mundial. Hace tiempo se ha puesto en marcha la de/descolonización de la estética para liberar la estesis en todas las esferas de la producción del conocimiento. Hemos observado una continuidad de cambios epistémicos en las disciplinas y en las artes que han profundizado los procesos de descolonización/decolonialidad en, a través y paralelos a los aspectos fundamentales de la matriz colonial de poder.

El objetivo del pensamiento y la práctica de/descolonial implica seguir reinscribiendo, encarnando y dignificando aquellos modos de vivir, pensar y sentir que fueron violentamente desvalorizados o demonizados por las agendas coloniales, imperiales e intervencionistas, así como también por las críticas al interior de la posmodernidad y la altermodernidad.

Alanna Lockward

Rolando Vázquez

Teresa María Díaz Nerio

Marina Grzinic

Michelle Eistrup

Tanja Ostojic

Dalida María Benfield

Raúl Moarquech Ferrera Balanquet

Pedro Lasch

Nelson Maldonado Torres

Ovidiu Tichindeleanu

Miguel Rojas Sotelo

Walter Mignolo

Domingo, 22 de mayo de 2011

CONTEXTO

En septiembre del 2009, el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA) inauguró la muestra “Modernologías”, tres meses después de que la galería londinense Tate Britain hubiera inaugurado la exhibición “Altermodernidad”. En noviembre del 2010, se inauguró la muestra “Estéticas decoloniales” en Bogotá, Colombia, y al año siguiente, desde el 4 al 7 de mayo, se organizó una muestra y un taller de esta exhibición en la Universidad de Duke.7

Este encuentro tenía por objetivo generar una discusión colectiva sobre la manera en que la transmodernidad y la(s) estética(s) de/descolonial(es) están poniendo en tela de juicio la colonialidad como el lado oscuro de la modernidad, que continúa siendo ignorada en los proyectos posmodernos y altermodernos. Los eventos en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá y en la Universidad de Duke son considerados una respuesta a la actual preocupación de Europa en torno a la modernidad. Sin embargo, la preocupación central, por fuera de los discursos provenientes de Europa Occidental y Estados Unidos, es la “colonialidad”, como el lado oscuro de la modernidad, y sus posteriores reconfiguraciones posmodernas y altermodernas. Aun cuando la modernidad/colonialidad (y sus variantes) se originó en Europa, fue impuesta (con violencia) en todo el mundo. Por el contrario, la de/descolonialidad –originada en las ex colonias europeas y luego en aquellas regiones subyugadas por el imperialismo e intervencionismo estadounidense– ha respondido y cuestionado permanentemente la hegemonía de la matriz moderna/colonial y su alcance territorial. L*s sujet*s de la “colonialidad” (l*s colonizad*s) están expresando sus preocupaciones sobre las consecuencias devastadoras de la modernidad/colonialidad que generalmente son ocultadas, o incluso encubiertas bajo nociones como “progreso”, “desarrollo” e “innovación”. Como testig*s, participantes y pensador*s de estos temas, nuestra visión procura alcanzar la transmodernidad para vivir un futuro donde la colonialidad sea erradicada por completo y dejemos de regirnos bajo concepciones eurocentristas que buscan normalizar la existencia humana y la dinámica socio-política. La de/descolonialidad y la(s) estética(s) de/descolonial(es) están avanzando hacia horizontes democráticos más allá de los conceptos occidentales de democracia. Para alcanzar esta meta, es indispensable establecer la noción de que la dignidad humana se encuentra presente en diferentes modos de identidad e identificación y que es radicalmente incompatible con las nociones homogeneizantes de “cultura” y “universalidad” de los discursos y las prácticas artísticas ampliamente teorizados en la modernidad, la posmodernidad y actualmente la altermodernidad.

A pesar de los aportes de intelectuales y profesionales del arte fuera del canon hegemónico que han cuestionado estos paradigmas por décadas, la complejidad de las problemáticas identitarias en el arte aún no es considerada relevante por la altermodernidad. Todavía se concibe y se analiza el arte y las producciones artísticas bajo una noción “universalista”, únicamente en relación con sus contribuciones al universo normativo de la modernidad en torno a lo que se entiende por “estética” y “arte”. Dicho “universo” y sus reglas no tuvieron origen en Zimbabwe, Bolivia o Serbia. Por consiguiente, los argumentos de la altermodernidad están fundamentados en una identidad europea autopercibida, invisible y generalizante (blanca-masculina-cristiana-occidental). Esta Norma silenciada brinda la fundamentación epistémica para la crítica altermoderna sobre las problemáticas identitarias, al mismo tiempo que esconde su propia identidad como una construcción (blanca-masculina-cristiana-occidental). De esta manera, la Norma se mantiene intacta e incuestionable, tal como en los periodos más “productivos” del temprano colonialismo europeo y, eventualmente, de la modernidad/colonialidad, así como también del imperialismo/intervencionismo.

La colonialidad ya no interviene en la producción de tabaco o en el mercado de esclavos, pero ejerce control sobre las finanzas, la opinión pública y la subjetividad a nivel mundial, con el objeto de perpetuar y masificar la retórica salvacionista de la modernidad. Para la opción de/descolonial, las identidades, la identificación y el desprendimiento son cruciales a la hora de revelar, junto con l*s Otr*s construid*s, la legitimidad hegemónica del “conocimiento” intrínseca a la modernidad que niega potencialidad y validez a las identidades que construyó inicialmente. El nacionalismo no se originó en China o el mundo árabe, sino en Europa. En otras palabras, el nacionalismo por fuera de Europa es un fenómeno derivado, es decir, una consecuencia directa de la colonialidad. Constituye un arma de doble filo, ya que por un lado sirve como herramienta para enfrentar las invasiones y usurpaciones occidentales en los países no europeos. En este sentido, el nacionalismo funciona como contrargumento de las ideologías neoliberales que, por conveniencia, lo repudian en nombre de la globalización y el libre mercado para beneficiar a las corporaciones. Por otro lado, el nacionalismo en estos países podría también sentar las bases discursivas para que las élites políticas y financieras puedan mantener alienados y explotados a sus propios pueblos. Además, podría justificar la expansión imperial en otros países no occidentales. En un contexto condicionado por la monocultura de la globalización y las culturas nacionalistas regionales, la corriente de/descolonial emerge y se establece a sí misma como una opción de desprendimiento tanto del “globalismo” como del nacionalismo mediante la promoción de identidades (transnacionales) en política que superen el mercado globalizado, el Estado, las religiones institucionales y la estética normalizante.

CONCEPTOS

Estética(s) de/descolonial(es) hace referencia a proyectos artísticos actuales que responden y se desprenden del lado oscuro de la globalización imperial. La(s) estética(s) de/descolonial(es) busca(n) reconocer y abrir opciones para liberar los sentidos, al mismo tiempo que se constituye(n) como el terreno donde artistas de diversas partes del mundo están interpelando a los legados de la modernidad y sus reconfiguraciones dentro de la estética posmoderna y altermoderna.

La estesis o aiesthesis se define por lo general como “una conciencia básica de estimulación sin demasiados fundamentos” o una “sensación de tacto” que está relacionada con la conciencia, la experiencia sensorial y la expresión de las emociones, particularmente conectadas a los procesos de percepción. La estética, por el contrario, se define como una teoría filosófica acerca de lo bello como una investigación racional sobre la existencia, el conocimiento y la ética. En este sentido, la estética se ocupaba de la apreciación de la “belleza” y el “buen gusto” que comprenden el campo de acción de l*s artistas. Esta definición proviene de la Europa del siglo XVIII y puede describirse como estética moderna. En las dos últimas décadas del siglo veinte, la estética posmoderna criticó los principios de la estética moderna y estableció que las prácticas estéticas posmodernas pueden adoptar cualquier forma, perspectiva o agenda, sean antiguas o actuales, y admiten otras prácticas y enfoques alternativos (que no sean posmodernos). En los últimos años, la estética altermoderna ha sido incluida en las discusiones del mundo occidental. Esta corriente afirma que la posmodernidad pertenece al pasado y que una nueva modernidad está surgiendo bajo la reconfiguración de la globalización. Por ende, se supone que l*s artistas deben involucrarse con esta nueva percepción globalizada y traducir valores provenientes de sus respectivos contextos culturales a fin de ser legitimados en los circuitos mundiales.

Se sacrifica la identidad en nombre de parámetros artísticos globalizados. La decolonialidad continúa avanzando en una dirección completamente diferente que permite la continua re-existencia de esteSis decoloniales.

Traducción de Laura Judit Alegre

1

N/T: Durante el proceso de traducción, se suscitaron algunas cuestiones en torno a ciertos conceptos y las formas de expresarlos en español, por lo que se incorporaron referencias y explicitaciones en la versión traducida. Para el caso de “estética(s) de/descolonial(es)”, se decidió ofrecer la opción de lectura en singular y en plural, mediante el uso de paréntesis, que no se encuentra en la versión en inglés. Asimismo, se acordó utilizar ambos prefijos (de-/des-) en toda instancia que exprese la noción de decolonialidad o descolonialidad, a fin de anular ambigüedades o preferencias por uno u otro término.

2

N/T: Tener en cuenta la importante distinción entre política de la identidad y de las identidades y la identidad EN política. Las primeras se toman como esencias, la segunda son conscientes de su clasificación por el conocimiento imperial. Como cuando Fausto Reignada dice, por ejemplo, que él no es Indio sino Aymara pero que lo han hecho Indio, como Indio lo van a tener que aguantar. (Ver Mignolo en The decolonial option and the meaning of identity IN politics, 2007: https://gupea.ub.gu.se/bitstream/2077/4500/2/anales_9-10_mignolo.pdf).

* N/T: Se ha incorporado el símbolo del asterisco en la edición traducida para contrarrestar el protocolo hegemónico de la construcción masculina del sujeto universal a través del uso gramatical del masculino genérico. El asterisco también abre diversas opciones: http://www.mulabi.org/Interdicciones2.pdf

3

N/T: Ver Catherine Walsh, Interculturalidad, Estado, Sociedad. Luchas (de)coloniales de nuestra época. Quito: Universidad Andina Simón Bolivar y Ediciones Abya-Yala (2009).

4

N/T: Ver Gloria Anzaldúa, Borderland/La Frontera. The New Mestiza (1987). Walter Mignolo, Historias locales/diseños globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo (2000, 2003).

5 Re-existencia es un concepto de (Albán Achinte, 2010) en relación con las comunidades afrodescendientes en Colombia.

Albán Achinte, Adolfo (2010). Comida y colonialidad. CALLE14, Bogotá, Colombia, volumen 4, número 5, julio -diciembre de 2010.

6 N/T: A partir de las ideas de Brian O’Doherty sobre el modus operandi del cubo blanco, Jaime Iregui comenta: “Se trata de un espacio expositivo que encarna los ideales de la modernidad por su neutralidad y ausencia de ornamento que aísla la obra de todo tipo de ruidos del entorno. Desde hace décadas, el cubo blanco ha sido vulnerado por trabajos que se plantean en contextos ‘no artísticos’, como aquellas propuestas que buscan establecer un diálogo con lugares patrimoniales, espacio público, comunidades y distintas manifestaciones culturales.” (Ver http://esferapublica.org/nfblog/dentro-y-fuera-del-cubo-blanco-1/)

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